A quien no le gusta tener amigos invitados en casa?. Es un seguro a pasar un día de risas, chistes, vinos, niños corriendo por todas partes, y habitaciones que no hay por donde cogerlas.
Pero hay amigos, también hay invitados no deseados. De esos que se presentan en casa sin avisar y sin invitación alguna. En casa vinieron antes de navidades y lo que nos ha costado acabar con ellos.
Porqué lo de tener una casa en el campo es muyyy bonico y bucólico, pero oye, que lleno de bichos está todo. Y claro a los "malditos roedores" les encanta meterse en casas ajenas sin pedir permiso alguno.
Han sido dos meses de caquitas ratoniles por todas partes, de limpiar armarios y cajones en los que se metían y roían todos lo que pillaban a su paso (ropa, papel, cartón..) hasta el pobre Sr. Patata ha sido víctima de su falta de compasión.
Y claro ya la rabia te puede, porqué ni menta, ni lejía, ni ultrasonidos, ni la madre que los matriculó.
Os acordáis de los cepos de Tom y Jerry, pues eso.
Y cayó el primero, vaya si cayó!. El mismo día que a Marc se le cayó la primera paleta.
Esa mezcla entre asco, pena y ataque de risa. Porqué una tiene su corazoncito, y eso de cargarte al Sr. Pérez hace que te salte la risa histérica.
Pero hay no queda eso, la semana pasada conseguimos atrapar al otro que quedaba, y aunque no os lo creáis... sabéis a quien se le cayó otro diente??
Así que ya lo sabéis, si ponéis el diente de alguno de vuestros hijos bajo la almohada y al día siguiente no hay moneda... llamarme y lo hablamos!!
Pero si tenéis la suerte de tener invitados de los buenos, os dejo esta receta sencilla-sencilla y que os hará quedar como reinas!














